lunes, 15 de diciembre de 2008

EL SECRETO DE LOS AMANTES


hace dias que no actualizo mi blog porque habia estado con mucho trabajo. Les cuento que Pablo se mejoró y yo ando mejor de ánimo, con serios problemas económicos pero bien de ánimo eso es lo importante, espero que cada uno de ustedes este tan bien aqui dejare una creacion de hace años

El secreto de los amantes

Isabella...desde el sendero del alma..

Brisa está aún muy triste, no puede conciliar bien el sueño desde hace ya varios meses. Raúl la tiene desconcertada.

Llora y llora.

Ríe y ríe, sin encontrarle el gusto y la dicha a la sonrisa.

Se nota que está cansada, pero muy enamorada. Raúl ¡sí Raúl es su absurdo y ambiguo dolor!.

Lleva ya tres años este amor en tinieblas y a escondidas.

Brisa está aún muy triste.

Toso nerviosa y confusa, porque frente a mí se encuentra el esposo de Brisa, ese hombre un poco obeso que a cada momento muestra una sarcástica risa frente a los invitados de esta noche en mi casa.

Brisa tiembla, está muy nerviosa, porque Raúl se encuentra frente a ella, mostrándole a través de sus ojos, el ferviente y el candente fuego revelador de su abrigo.

*

Mi casa fue el primer testigo de este amor en tinieblas. Fue en aquella fiesta de hace tres años atrás, aquel cumpleaños de Carlos - cuando mi esposo cumplió treinta y tres años - cuando Brisa conoció a Raúl.

Recuerdo que durante esa noche Brisa comenzó a beber... a beber demasiado. Bailó varias veces con Raúl. Rieron juntos durante varias y largas canciones, rieron juntos con cada travesura, rieron, rieron...

A eso de las tres de la madrugada, Brisa y Raúl desaparecieron.

Se acercó durante esa noche a mí, la esposa de Raúl; Julia, una mujer de contextura mediana, de pelo ondulado, con un rostro muy fino, que en ese día ambiguo, vestía un traje de seda en color azul, muy elegante y delicado:

- Rosina ¿has visto a Raúl? – recuerdo que me preguntó ella con un semblante muy expresivo.

- Sí... hace un momento lo vi. Me parece que salió por un momento. Vamos... no te preocupes tanto por él, más bien disfruta de la fiesta.

- Sí, tienes razón; pronto tendrá que aparecer.

La tomé del brazo y le pedí que me acompañara al comedor para partir la torta.

Traté que de una u otra manera ella evadiera sus pensamientos.

A eso de las cuatro de la mañana, también se aproximó a mí ese hombre obeso, ese hombre que cuando ríe muestra una sonrisa sarcástica.

- Rosina, a Brisa no la encuentro ¿dónde estará? – me preguntó un poco irritado el esposo de Brisa.

- Se fue a mi pieza a descansar. Tenía un poco de sueño.

- Descansando, descansando... es lo único que sabe hacer – me respondió él.

Ya a las cuatro y media de esa turbia madrugada, apareció mi amiga, dibujando en su cara una relevante alegría, una rara alegría, una turbia alegría.

- Brisa, te volviste loca ¿dónde estuviste?. Te volviste loca

Ella me abrazó y me pidió que la acompañara a la terraza de mi casa. Tomó una silla con sus delgadas y pálidas manos y me sugirió que me sentara. La miré, la observé, la analicé... “Brisa había engañado a su esposo”.

- Rosina, estoy feliz, hace tanto tiempo que un hombre no me hacía sentir mujer.

- ¡Brisa... has engañado a tu esposo! – le respondí un tanto alterada.

- Silencio, puedes escucharnos. No me cuestiones nada hoy, sólo quiero sentirme mujer. Raúl me hizo inmensamente feliz; con cada beso, con cada abrazo y con cada sudor de deseo.

- ¿Te acostaste con él? – le pregunté un tanto confundida.

- Sí... lo hice.

Mi mejor amiga, se había acostado con un hombre que apenas conocía. No entendía su rara decisión, esa decisión tan tajante.

Recuerdo que así Brisa comenzó a encerrarse entre los brazos de Raúl, cada día y cada día más, hasta que ya le fue difícil poder desprenderse de ese fuego, de ese enamoramiento, de ese placer, porque Brisa se había enamorado perdidamente de ese hombre.

Con Braulio llevamos ya seis años de matrimonio y tenemos una preciosa hija llamada Catalina. Él es muy trabajador y nos cuida mucho a ambas; pero a pesar de ser Braulio muy bueno con nosotras, me hace sentir dolor, un dolor permanente, que se aloja cada día en mi alma. Ese sufrimiento comenzó desde el nacimiento de nuestra hija, porque él dejó de verme como una mujer y sólo me vio como madre y le costó volver a tocarme y poseerme como las primeras veces, esas veces que me hacía suya en cuerpo y alma.

Hay noches en que me abrazo y me abrazo a la almohada y le pido explicaciones. Pienso y analizo que es lo que pude haber hecho mal; pero siempre termino en lo mismo... sin encontrar las malditas explicaciones.

*

Amanece el alba con una espesa niebla. Tomo un abrigo de algodón, que me llega hasta las rodillas y me cubro el cabello con un sombrero negro.

Camino por la calle. Noto que hay muy poca gente. Estoy un tanto intranquila. Tengo la sensación de que algo me va ocurrir, pero no logro reconocer el destino.

La niebla se vuelve cada vez más y más espesa. Parece que camino y camino; y no llego nunca a donde la parcela que me regaló Braulio. Camino y el frío que comenzó desde la salida de la casa, comienza a disiparse.

Noto mis mejillas más ruborizadas.

Llego muy cansada a la parcela. Ahí me espera Juan, el jardinero, hombre fiel que me acompaña todos los días.

Me acerco a él, aún respirando muy fuerte por el cansancio del recorrido.

- Hola Juan

- Buenos días señora Rosina – me responde muy respetuoso.

- Terminaste de plantar aquellas rosas que me regaló Brisa.

- Sí, quedaron plantadas en la parte de atrás; en los alrededores de la piscina.

- Voy a verlas

Camino entre pisadas que son cada vez más agudas. Se siente el sonido de hojas quebrantadas, por el otoño que se ha dejado caer más temprano que lo habitual.

Camino y camino; y logro llegar al fin a la piscina, que ya no tiene un agua muy cristalina. Atravieso ésta y solo observo los tallos de las rosas muy opacos y tristes, como siento hoy mi vida. Tomo asiento en una pequeña silla de madera que hay en el lugar. Cierro mis ojos y respiro. Me quedo estática por unos momentos, hasta que un suave ruido logra despertarme. Es un ruido que proviene de la parte de atrás de la pequeña cabaña. Me levanto de la silla bruscamente y dirijo mis pasos hacia aquella pequeña casa de madera. Cuando logro llegar, observo a un hombre con una chaqueta muy larga, un sombrero negro y unos ojos reveladores del mismo tinte de su sombrero. Él me mira, me observa, me analiza. Trato de pensar que solo es un sueño. Él se acerca a mí y pone sus labios a la altura de los míos, siento su respiración cada vez más fuerte. Quiero hablarle, susurrarle... pero no puedo. Me siento débil. Sus ojos me están consumiendo, me están enamorando y no logro despertarme y no quiero despertarme. Él me besa muy apasionadamente y me toma por la cintura; y logra amarrarme hacia él. Luego, vuelve a mirarme y me conduce por el prado húmedo. Cierra mis ojos con un pequeño pañuelo rojo y me traslada solo con sus manos. Siento el aroma de hombre que desprende. Es un olor suave y a la vez fuerte, fuerte de un hombre que no conozco.

Camino y camino, y siento que llegamos a una casa. Él saca la venda que había puesto en mis ojos y me observa y me sonríe y me conduce a un segundo piso. Allí me espera una enorme cama, cubierta con una suave tela blanca. Él comienza a besarme suavemente, con más sabor, con más movimiento y comienzo a degustar sus besos. Él logra retirarme la chaqueta que llevo puesta y casi sin tocarme desata mis cabellos. Comienza a besarme suavemente el cuello, mis pechos, que hoy se han tornado más tersos. Mi respiración se vuelve cada vez más rápida y profunda, y mis manos comienzan a deslizarse por su cuerpo. Logra desprenderme completamente la ropa, que a la vez rueda por el piso de madera. Respiro y respiro y él comienza a tocarme con suavidad, como una pluma en vuelo que se detiene de vez en cuando para que la garganta cumpla su misión. Comienzo a quejarme y no se porqué me agrada el quejarme. Él toma mis piernas, las trenza y las destrenza y comienza a hacerme suya. Me va involucrando con su cuerpo tan moreno, maduro, fuerte y tan sensual. Me someto a sus deseos muy callada, casi ausente, pero siento que ahora tienen en realidad sentido mis brazos, mis piernas, mi boca, porque están realizando la verdadera función del amor.

Siento que él también logra quejarse.

De un instante a otro, siento que a mi garganta llega un extenso grito y mi cuerpo termina en una sensación de bienestar y me siento feliz, demasiado feliz. Aquel hombre moreno, me ha elegido y siento que ya es parte de mí.

Él retira su pesado cuerpo del mío. Me mira, me besa y luego coloca cada tela de mi ropa en su lugar. Luego, logra cubrirme nuevamente los ojos, con ese pañuelo rojo y me vuelve a dejar en el mismo lugar donde me encontró. Logro volver a la realidad y me cuesta volver a la realidad y no quiero volver a la realidad.

Desato con mis manos aún temblorosas, el pañuelo rojo que envuelve mis ojos. Miro a mi alrededor, observo a mi alrededor... pero él ya no está. Se ha ido. Casi desesperadamente corro en busca de Juan:

- ¡Juan lo viste!. ¡Dime quién era! – le pregunto al jardinero muy agitada

- ¿Señora... quién?, Perdóneme pero no la entiendo.

- Aquel hombre moreno, que estaba en el jardín.

- ¿qué hombre?. Yo no he visto a nadie señora

Pensativa me alejo del jardinero

No, no puede ser.

Él no existe.

Pero... ¿cómo apareció el pañuelo rojo en mis ojos?

*

Han pasado ya tres meses en que no he vuelto a ver a mi amor platónico. Lo siento alejado. Aún tengo clavada en mi mente aquel color moreno de su cuerpo.

¡No, no puede ser... me pasa algo extraño con ese hombre, algo muy extraño!.

Todas las noches me refugio en Braulio, pero sólo encuentro en él, un abrazo frío, hecho de tedio y de tristeza.

*

A Brisa en este último tiempo la he notado muy ansiosa. Parece que Raúl la tiene abandonada.

Hoy quiero caminar y caminar por la estación de trenes, para ver si vuelve mi amante.

Camino y camino y de lejos diviso a mi amiga Brisa, que viene con una leve lentitud, como si sus piernas dejaran abandonado el camino. La miro, la observo y la analizo y me acerco hacia ella.

- Hola Brisa

- Hola Rosina

- ¿te pasa algo?

- Sí... Raúl a terminado conmigo – me responde ella muy turbada.

- Era lo mejor

- ¡Lo mejor, lo mejor!, ¡cómo puedes decir eso... si yo lo amo! – me exclama ella, con una fuerte voz.

Una pequeña lágrima brota por los ojos de mi amiga y se desliza por sus anémicas mejillas.

- Brisa fue lo mejor.

- Rosina... no entiendes nada de este amor. Es como si parte de mí se hubiese ido de mis entrañas.

Como decirle a ella, que yo me siento igual... débil, sin ánimo, sin ganas de vivir.

- debes calmarte amiga. Trata de refugiarte en tu esposo.

- ¿En mi esposo?. Rosina, él hace mucho tiempo que ya no me pertenece.

Vuelve a llorar y mis débiles manos envuelven su espalda, una espalda muy dura y delgada. Brisa se está muriendo de amor y me desespero al verla así. Que consejo le puedo dar, si yo también estoy sumida en la angustia.

Esa tarde mi amiga quedó más tranquila, pero sé que esa tranquilidad se volverá a ir y se la llevará el viento, porque él siempre limpia las lágrimas, se las lleva, pero llegan nuevas tempestades.

¡Ay el amor!, es tan confuso, pero eternamente hermoso.

Estos últimos días me he encontrado muy aturdida, sin fuerzas. He recorrido tantas y tantas veces la parcela para volver a encontrarlo a él, pero “no”, no lo hallo, no lo encuentro.

*

Algo raro sucede en mí. Hoy he amanecido con una fiebre muy alta que abraza mis sienes y me seca bruscamente la garganta. Braulio a estado preocupado por mí.

- ¿qué te sucede Rosina?, me tienes preocupado

- Braulio, no te preocupes tanto por mí, es solo una pequeña fiebre

- Anoche estuviste delirando. Dijiste cosas tan ambiguas. – me responde confundido.

- ¿Qué he dicho?

- Hablabas de un hombre moreno y repetías a cada instante que era solo un fantasma.

¡Dios mío!, Braulio sabe de la existencia de mi amante. ¡No, no... yo no he engañado a Braulio!, es solo mi pensamiento que me traiciona y se vuelve en mi contra. Ay de mí... me estoy consumiendo de fuego. Tengo miedo, tengo mucho miedo, siento que me he enamorado de un hombre que no conozco y que me tiene al borde de un abismo. Braulio, Braulio, yo no te he engañado y perdóname si en realidad lo he hecho.

- Mi amor, mi amor - lo abrazo muy fuertemente por su espalda y comienzo a llorar. Lloro y lloro y mis sollozos se están volviendo cada vez más nítidos.

- ¿Qué te pasa Rosina?, Porfavor dímelo... - él me habla nuevamente muy confundido.

- Nada, solo es un dolor del alma.

- Está bien, pero debes tranquilizarte. Brisa te está preparando un té, que te va hacer desaparecer la fiebre.

Braulio no ha entendido absolutamente nada y es lo mejor.

Brisa viene hacia mí. Ella está cada día más pálida, más ojerosa y más delgada. Su mirada está desorientada y sus manos apenas sujetan la taza de té caliente.

*

Han pasado ya seis meses en que nunca más he vuelto a ver a mi amante. He descansado mucho durante todo este tiempo.

Hoy he regresado sin miedo a la parcela. Ahí está Juan, mi jardinero fiel.

- Buenos días señora, que gusto volver a verla por estos lados

- Sí, hoy quise volver a ver mis flores.

- Están ya florecidas.

- Voy a verlas.

Camino lentamente por el pequeño pasillo que dirige mis pasos hacia la piscina. Siento mucho calor, ya que la primavera hizo su aparición, más temprano que lo habitual y el sol ha entregado fuertemente sus rayos.

Ahí se encuentran, ya florecidas, las flores que me regaló Brisa, ahí están llenas de color y de vida.

La piscina se observa con un agua muy fría. Desprendo toda mi ropa y me sumerjo en ella.

Lavo todo mi cuerpo ya desnudo, y siento que aún conservo las facciones perfectas de una mujer. Juego con mis manos, que a la vez acarician infantilmente el agua. Cierro mis ojos y escucho el silencio de la naturaleza. Siento que mi cuerpo hace un contacto con el mundo exterior y despierto bruscamente, despierto y despierto y ahí está nuevamente él. ¡No... no quiero que lo sea, pero es él!. Él saca suavemente la ropa que lo envuelve y se sumerge en la piscina, se acerca lentamente hacia mí y comienza a besarme, abrazarme.

- ¿Quién eres?. ¿De dónde vienes?

- Rosina... Rosina

Él sólo me dijo eso, mi nombre, y luego me besó una y otra vez, largamente y suavemente. Luego aparta de mí ese pesado cuerpo moreno con olor a canela y logra salir del agua ágilmente. El hombre se viste sin apuro y siento que estoy en una atmósfera, estática, desorientada y confundida. Cuando logro reaccionar, observo a Juan, que mira al hombre paralizadamente. Él, nos mira a nosotros y luego se retira por entre los matorrales y desaparece... se va, como las nubes, como el viento, como el pájaro que busca nuevos horizontes, como las hojas bailan con los fuertes vientos de invierno y conducen su vuelo por los senderos del abismo. Mi hombre se ha ido, ese hombre que logré borrar de mis entrañas y que hoy vuelve a nacer en mí. Lo amo y me pesa amarlo y lo amo demasiado, pero no sé porqué lo amo tanto, sí ni siquiera le conozco. ¡Ay de mí!, porqué encontrar de esta manera al amor de mi vida. ¡Ay de mí!, siento tristeza, mucha melancolía.

- Juan, Juan es él. Él es hombre del que yo te hablé – mis ojos no paran de llorar.

- Ahora le creo señora. Sí, ese hombre existe y no es ningún fantasma, como lo pensé alguna vez. Le creo señora y sé de su sufrimiento.

- No sé que voy a hacer con este amor. Sé que solo va destruirme.

- La entiendo señora... la entiendo.

*

Esa tarde logré llegar a mi hogar más tranquila.

Braulio esperaba mi llegar en la puerta de la casa. Cuando logró divisarme, corrió hacia mí y sentí que sus piernas avanzaban muy frágiles, más lentas y cansadas. Algo ocurre... algo muy grave.

- Rosina... Brisa se ha intentado suicidar

¡no, no. Brisa se ha intentado matar!

- Braulio, pero ¿qué le pasó?

Yo sé el porqué de esa decisión, yo ya venía venir su destino, pero debo demostrarle a mi esposo que yo no se nada, absolutamente nada.

- No lo sé. Nadie lo sabe ni siquiera su esposo.

*

Nos dirigimos con Braulio rápidamente al hospital. Ya en el tercer piso se encontraba ella, con sus ojos perfilados de un tono gris y sus brazos atiborrados de agujas. Mi amiga tenía sus ojos fijos en el techo y sentí sin medida su dolor, un dolor punzante y agresivo, un dolor temeroso, lento y agónico.

Caminé a ella. Caminé al lado de aquella nueva víctima del amor. Caminé y caminé...

- Hola Brisa... ¿por qué lo hiciste? – y una lágrima comenzó a caer por mis pálidas mejillas

- Tú sabes Rosi por quien lo hice. Lo amo y no puedo dejar de amarlo...

Sus mejillas anémicas, logran sacar lágrimas de sangre, lágrimas de odio, lágrimas de amor.

- ¡No Brisa... no puedes pensar de esa manera!. Hay gente que en realidad te quiere mucho. Aprende del amor de esas personas, quizás es un amor diferente, pero están allí. Vamos amiga, tú eres fuerte y puedes vencerlo. Hazlo por ti, por tus hijos, por tu familia. Lo único que haz conseguido con Raúl es sufrir, sufrir y sufrir.

- Perdóname amiga, perdóname – ella se abraza a mí y su voz glacial se desespera y queda gravada en mi oído.

Un gemido lejano desgarra mi silencio. Mis palabras han sido sinceras, porque yo también he sufrido... he sufrido mucho.

*

Hay pasado ya dos meses de la recuperación de Brisa. Ahora ya se encuentra feliz junto a su esposo e hijos.

Yo no he vuelto a ver más a mi amor secreto, a mi amante, a mi ser platónico, pero sé que día a día vive en mí. Siento que me observa... me analiza.

Hoy recorro nuevamente el prado de la parcela y siento alivio. ¿Alivio?, no sé si completamente lo volveré a encontrar, pero hoy lo siento y lo palpito. Me recuesto sobre el césped aún húmedo y observo el cielo que está encendido de un radiante color azul. Miro ese azul intenso, lo miro, lo observo y frente a mis ojos vuelve aparecer el hombre.

Me quedo muda.

- déjeme en paz, se lo pido.

- Yo la amo Rosina

Y comienza a besarme, a besarme, a besarme...

Logro desprenderme de su cuerpo y no puedo, y no quiero. Soy suya, y él es mi único amor, un amor enfermizo.

Logra acariciar unos de mis pechos, cuando Juan lo desprende bruscamente de mí.

- Señor, deje en paz a la señora, ya le ha hecho demasiado daño. Déjela en paz.

Comienzan a golpearse fuertemente sobre el césped húmedo. El hombre moreno golpea a Juan con mucha fuerza, pero él logra alcanzarlo con su débil cuerpo.

- ¡Porfavor... basta, ya no sigan!. – grito y grito y se ahoga mi voz. Respiro con dificultad y tengo los ojos entornados.

- ¡Basta... basta!. – grito y grito

Me lanzo sobre ellos, para poder separarlos y lo único que logro es que me retiren de su riña. No me doy cuenta cuando el hombre se separa de Juan, y acelera su retiro por entre los matorrales. Yo logro pararme de un trote y voy a su destierro. Atravieso solo malezas y zarzas muy dolorosas. Aún logro ver a mi amante, aún lo diviso. No quiero lincharlo, solo quiero que me vuelva a amar. Corro y corro, y él nuevamente logra desaparecer. Camino y camino y solo observo una enorme casa de dos pisos. Estoy segura, que es en aquella casa donde el hombre moreno logró hacerme suya. Retrocedo y me alejo. Es lo mejor.

*

A Brisa le he contado mi historia y pero no logra creerme.

El jardinero se ha recuperado de la golpiza, pero hace varios días que no ha venido a trabajar.

- Brisa, no te miento, él existe – le trato de explicar a mi amiga, casi al borde de la locura.

- ¡No amiga... no es real!, debes tratar de calmarte y ver un médico – me contesta dibujando en su cara una burlona sonrisa.

- Brisa... ¡Yo no estoy Loca! – me altero, grito, me siento nerviosa.

- Ya Rosina, cálmate. Mañana voy a hablar con Braulio para que te lleve al médico.

Me desvanezco, porque mi amiga no me cree... pero yo sé que él existe... existe... es real.

- Vamos Brisa, acompáñame, yo te voy a llevar a la casa de ese hombre.

- Esta bien... y allí me daré cuenta al fin, de que él en realidad existe. – mi amiga me responde burlonamente.

- Brisa no te rías, él existe.

Nos dirigimos a mi parcela.

Llegamos al camino de matorrales y zarzas.

Caminamos con Brisa y llegamos a la casa de mi amante.

Mis piernas comienzan a sentirse débiles y tiritan demasiados.

Caminamos y caminamos... hasta que al fin me encuentro en la entrada de la casa de mi amado. Golpeo la puerta... una y otra vez, y no la abre nadie, no sale nadie. Vuelvo a tocar y logra abrirse, con un crujido muy misterioso. Allí me recibe una señora ya anciana.

- Buenas tardes señora – le habla Brisa – andamos buscando a un señor moreno y alto.

- Moreno y alto – contesta la señora.

- Sí, él es muy fuerte y su piel es muy oscura. – le respondo agitadamente

- Señoras; ustedes que pretenden con esto

- No la entiendo señora – le respondo nerviosa.

- ¿Ustedes han estado con don Daniel?

- Sí, yo he estado con él, por eso necesito verlo.- le respondo a la anciana un tanto confundida.

- Señora me va a perdonar, pero yo no estoy para bromas pesadas, ni menos a la edad que tengo.

- ¿No la entiendo? – le exclamo a ella.

- Don Daniel falleció hace siete años atrás.

Siento que mi corazón se acelera mucho. Siento mis manos brutales y flácidas. ¡está muerto... mi amor verdadero está muerto!.

- Perdónenos señora, mi amiga se siente un poco mal. Nosotras ahora nos retiramos y muchas gracias por su ayuda. – le responde tranquilamente Brisa.

Ella me abraza suavemente para que no me desmaye.

- Amiga, mejor será que veas un médico. El no existe – me habla, me habla y me habla Brisa irónicamente.

- Brisa – lloro y lloro – es real, te lo juro

- Y ... ¿cómo puedes probármelo?

No se como afírmaselo, pero una luz ilumina mi mente.

- Juan... Juan el jardinero. Vamos a su casa

- Pero hace días que no va a tu parcela, a lo mejor está trabajando en otro lugar.

- A lo mejor. Pero él es el último testigo que tengo

Voy en busca de Juan. Es mi última esperanza.

Nos adentramos con Brisa, a una calle muy larga y polvorienta. Allí está la casa de Juan, con mucha gente alrededor.

- Rosina, yo creo es mejor que nos vayamos. Hay demasiada gente en ese lugar.

- Tenemos que ir, solo debemos ir.

Camino y camino en busca de Juan. Cuando logro llegar a su casa, observo a la esposa de él.

- Buenas tardes señora Rosina. Que gusto verla en estos momentos tan dolorosos para mí.

- Dolorosos... no la entiendo señora

- ¿Cómo?, ¿No se enteró de la muerte de Juan?

- ¡quéeee, no puede ser, Juan está muerto!

- Sí. Anoche falleció de un ataque cardiaco. Los médicos no pudieron hacerle nada, para salvarle la vida.

Me desplomo a llorar sobre la viuda. Se ha ido el único testigo, se ha ido mi amigo, se ha ido parte de mi vida.

- Vamos Rosina, debes descansar – me habla Brisa con una voz glacial, que apenas escucho.

Quisiera seguir buscando y buscando a mi amor, quizás sea un error, pero él existe. Hoy los médicos me inyectan e inyectan fuertes dosis de tranquilizantes. Braulio tiene sus ojos muy rojos. Ha llorado mucho...

Miro y miro a Braulio y lo encuentro cada día más viejo y casi no lo reconozco. Me asalta la visión, de mi cuerpo desnudo y extendido sobre una mesa de morgue y me siento fría.

No sé si mi historia logrará tranquilizarles el sufrimiento a alguien, pero más de alguna vez se ha vuelto amar con gran amor y pasión verdadera, no importando el tiempo, ni el espacio, ni la propia razón; porque siempre hemos escondido dentro de nuestra alma, mente y corazón a ALGÚN AMANTE

F I N